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    La cocaína es una sustancia psicoactiva que se extrae del arbusto de la coca del género Erythroxylum. Tiene un poder adictivo muy alto y se estima que un 21% de la gente que la prueba será dependiente de ella en algún momento de su vida.

    La cocaína suele consumirse en dos formas distintas. La sal de clorhidrato o cocaína en polvo se consume inhalada o inyectada en vía intravenosa. Y los cristales de cocaína o “base” que han sido procesados con bicarbonato sódico o amoniaco para poder fumarse posteriormente. Cuando se fuma o se inyecta, su poder estimulante es muy superior, aunque se acorta considerablemente la duración de su efecto.

    A corto plazo, los consumidores de cocaína se sienten eufóricos, conversadores, con mucha energía y mentalmente alerta. También, disminuye el apetito y la necesidad de dormir. A largo plazo, conduce a estados de irritabilidad, inquietud y paranoia pudiendo producir episodios de psicosis. También impacta notablemente sobre el sistema cardiovascular llegando a producir hasta la muerte.

    La cocaína actúa en el sistema dopaminérgico asociado a la recompensa, la motivación y la memoria. Es un sistema básico en todos los mamíferos y en los seres humanos. Según los neurocientíficos este sistema es la base de la mayoría de las emociones y podría explicar las fuertes alteraciones emocionales que experimentan la mayoría de los adictos.

    Las neuronas de este importante sistema se comunican entre si con el neurotransmisor dopamina. Una vez realiza dicha comunicación, los excesos de dopamina se recaptan y vuelven al interior de la neurona para volver a utilizarse. La cocaína inhibe esta recaptación consiguiendo niveles mucho más altos de este neurotransmisor en la sinapsis, lo cual explica la euforia inicial que se siente al consumirla.

    En modelos animales se han encontrado niveles de dopamina que triplican los valores normales, lo cual explica la gran capacidad adictiva de esta sustancia sobre todo en cerebros propensos a desarrollar la enfermedad de adicción y en los de adolescentes, por estar estos en proceso de formación. Además, recientes estudios han señalado que esta droga es la que desarrolla asociaciones más fuertes con los diferentes estímulos que rodean al consumo (personas, lugares, circunstancias, etc.) y por lo tanto, la que más recaídas puede producir una vez en tratamiento.

    A menudo, se consume con alcohol, provocando la formación del metabolito COCAETILENO que tiene una vida más larga que la cocaína y posee potentes efectos estimulantes y tóxicos sobre el organismo en general y sobre el sistema cardiovascular en particular.

    La cocaína, con su capacidad para generar un estímulo eufórico y una sensación temporal de bienestar, puede atrapar a las personas sin que estas sean conscientes de ello.

    Con cada consumo, el cerebro responde liberando cantidades excepcionales de dopamina, el neurotransmisor que pone en marcha el circuito del placer o de recompensa cerebral. Esto crea una conexión profunda entre la droga y la gratificación, lo cual, unido a que los efectos desaparecen casi tan rápido como aparecen, lleva a una búsqueda compulsiva y continua de la cocaína para mantener esa sensación inicial de placer.

    Este proceso gradual puede convertirse en una batalla brutal. A medida que el cerebro se adapta a la presencia constante de la cocaína, la misma cantidad de droga ya no genera el mismo nivel de placer que antes. Esto lleva a la persona a consumir más frecuentemente o en dosis más grandes para alcanzar el mismo efecto deseado, que es lo que se conoce como TOLERANCIA. La compulsión por la cocaína puede erosionar la capacidad de la persona para controlar su consumo y tomar decisiones racionales.

    El consumo de esta sustancia puede teñir cada aspecto de la vida de una persona, afectando su salud física, emocional y social. El ciclo constante de consumo, seguido de la caída en el estado de ánimo durante los períodos de abstinencia, puede generar un patrón emocionalmente agotador. Las personas pueden encontrarse atrapadas en un ciclo interminable de búsqueda de euforia seguida de la inevitable caída emocional y física.

    Síntomas iniciales de
    la dependencia de la cocaína

    1. Cambios en el Comportamiento: La irritabilidad que antes no estaba presente puede comenzar a aparecer con mayor frecuencia. Las reacciones excesivas a situaciones cotidianas pueden ser un indicio de que algo no está equilibrado internamente. Los altibajos emocionales, junto con la búsqueda continua de esa euforia temporal, pueden conducir a la irritabilidad constante y al deterioro de las relaciones con los demás.

    2. Patrones de Sueño Alterados: La cocaína puede influir en los patrones de sueño, lo que resulta en noches inquietas o interrumpidas. Las personas pueden encontrar dificultades para conciliar el sueño o para mantenerlo, lo que lleva a una sensación constante de fatiga y cansancio. Estos cambios en el sueño no solo pueden afectar a la energía física, sino también la claridad mental y la capacidad para enfrentar los desafíos diarios.

    3. Pérdida de Interés en Actividades Disfrutadas: Uno de los indicadores más dolorosos de la dependencia a la cocaína es la pérdida gradual de interés en las actividades que antes brindaban placer y satisfacción. Aquellos pasatiempos que solían iluminar la vida pueden comenzar a perder su atractivo, dejando un vacío emocional que puede ser llenado cada vez más por la búsqueda constante de la droga.

    4. Disminución del Rendimiento en el Trabajo o en los Estudios: La cocaína no solo impacta la esfera personal, sino que también puede infiltrarse en el ámbito profesional o académico. La concentración y la capacidad para realizar tareas pueden disminuir significativamente, lo que afecta la productividad y el rendimiento. Esto puede llevar a un círculo vicioso de presión laboral o académica y el uso de la droga para lidiar con el estrés.

    5. Secretismo, Ocultación y Aislamiento: Las personas adictas a menudo experimentan un cambio en la dinámica de sus relaciones sociales. Pueden volverse más secretivas, evitando compartir detalles sobre sus actividades o su estado emocional. El aislamiento gradual de amigos y familiares puede ser un intento de ocultar el consumo de drogas y el deterioro de su bienestar emocional.

    Síntomas físicos y emocionales

    La adicción a la cocaína va más allá de los cambios en el comportamiento; también se manifiesta en síntomas físicos y emocionales que pueden tener un impacto profundo en la salud y el bienestar de la persona. Estos síntomas pueden variar en intensidad y frecuencia, pero su presencia indica la complejidad de la lucha contra esta adicción.

     

    1. Pérdida de Apetito y Pérdida de Peso: Uno de los síntomas físicos más notables es la pérdida de apetito. Las personas pueden perder el interés en la comida y, en consecuencia, experimentar una disminución significativa en su ingesta calórica. Esta falta de nutrición puede llevar a una pérdida de peso notable y, en casos extremos, a una malnutrición que afecta la salud general y la energía vital.

    2. Episodios de Agitación y Paranoia: La cocaína es conocida por sus efectos estimulantes, que pueden manifestarse como agitación extrema en las personas adictas. Esta agitación puede ir acompañada de una sensación de paranoia, donde la persona puede sentir que está siendo observada o perseguida. Estos episodios de agitación y paranoia pueden ser aterradores y aumentar el estrés y la ansiedad.

    3. Ansiedad Extrema y Nerviosismo: La ansiedad es un síntoma común. Las personas pueden sentir un estado constante de nerviosismo y preocupación, incluso en situaciones que antes no habrían desencadenado tal respuesta. La ansiedad puede ser debilitante y afectar la capacidad de la persona para funcionar con normalidad en su vida diaria.

    4. Cambios en el Estado de Ánimo: Uno de los aspectos más desafiantes es la fluctuación extrema en el estado de ánimo. Si bien la cocaína puede generar momentos de euforia intensa, estos son seguidos por caídas igualmente pronunciadas en el estado de ánimo. Las personas pueden experimentar episodios de depresión abrumadora durante los períodos de abstinencia, lo que refuerza el ciclo de consumo en un intento de recuperar la euforia perdida.

    5. Efectos en la Salud Mental: La adicción a la cocaína puede tener un impacto negativo en la salud mental de la persona. La interacción de la droga con los neurotransmisores en el cerebro puede aumentar los riesgos de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión. La búsqueda constante de la droga y la lucha por controlar el consumo pueden erosionar la autoestima y la confianza en uno mismo.

      En GR Grupos de Recuperación ofrecemos tratamiento para la adicción a la cocaína que está obteniendo grandes resultados en todo tipo de adicciones. Nuestro programa se basa en la terapia de grupo donde los pacientes van obteniendo una regulación afectiva que les ayuda a consolidar su abstinencia y a desarrollar una autonomía en todas las facetas de su vida. También, nos apoyamos en técnicas cognitivo-conductuales como la prevención de recaídas, la reestructuración cognitiva, las habilidades sociales, la reinserción laboral y la gestión del tiempo libre.

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