Ponerse a los mandos de un vehículo después de haber consumido drogas es como confiar en que algo bueno ocurra, pero sin poder tener la certeza de que así vaya a ser.
La persona que ha consumido drogas ve alterada su capacidad de raciocinio, reacción, de evaluar posibles imprevistos, etc.
Todo ello hace que la persona que conduce un vehículo habiendo consumido drogas ponga en serio riesgo tanto su integridad, como la de los que puedan acompañarle, así como al resto de usuarios de la vía.
Tal y como indica el NIDA en su artículo referido a este tema, las drogas afectan al cerebro, y dependerá de la droga que se haya consumido para que unas u otras facultades se vean alteradas.
https://nida.nih.gov/es/publicaciones/drugfacts/conducir-bajo-el-efecto-de-drogas
Por citar algún ejemplo, se ha comprobado que los porros alteran la capacidad para calcular el tiempo y la distancia (influiría en como y cuando frenar o adelantar), así como el tiempo de reacción y la coordinación. Todo esto afectará a la hora incluso de que el conductor sea capaz de mantener el coche en su carril, pueda cambiar de dirección sin comprobar que es seguro hacerlo, tenga un choque por alcance por no ser capaz de medir correctamente la distancia y tiempo que necesita para detenerse teniendo como referencia el coche que le precede, una intersección, etc. y, en el mismo sentido, si hay algún objeto o imprevisto en la calzada.
En el caso de drogas estimulantes como la cocaína, el efecto es diferente en el sentido de que este tipo de drogas pueden generar más agresividad y/o imprudencia. Esto, entre otras cosas, puede suponer que el conductor crea que tiene más capacidad de la que realmente tiene y opte por ir más rápido, ser más brusco a la hora de acelerar, frenar, adelantar, etc.; pudiendo incluso buscar la confrontación con otros conductores que le entorpezcan o recriminen su comportamiento.
Refiriéndonos a las drogas legales o que puede pautar el médico (benzodiacepinas y opioides), pueden disminuir la capacidad de pensamiento y juicio, causando en ocasiones aletargamiento, mareos y somnolencia.
El alcohol es la madre de las drogas, siendo la que más presente esa en atestados realizados a los conductores implicados a en accidentes, y altera la normal coordinación y percepción de la realidad.
https://nida.nih.gov/es/informacion-sobre-drogas/sustancias-de-abuso-habitual
Tanto el alcohol como las benzodiacepinas, al ser drogas legales y socialmente aceptadas, son las que más concienciación necesitan por parte de todos ya que, dentro de la capacidad de las personas que las consumen para minimizar las posibles consecuencias, se añade el que si está permitido, y tanta gente las consumen, pueden argumentarse que no serán tan peligrosas y que, si lo fueran, no serían legales.
En https://gradicciones.com/ hacemos una labor de concienciación y prevención de consumo y recaídas.