La diferencia principal entre consumo problemático y adicción es la capacidad de parar por voluntad propia. Quien tiene un consumo problemático deja de consumir por sí mismo cuando lo decide, sin ayuda externa. Quien tiene la enfermedad de la adicción no puede parar solo, aunque aparezcan consecuencias negativas graves en su salud, su trabajo o sus relaciones, y necesita el acompañamiento de profesionales especializados para conseguirlo.
La diferencia no está en cuánto o con qué frecuencia se consume, sino en si la persona conserva o no el control para decidir parar. La adicción es una enfermedad relacionada con la gestión de las emociones, no con la cantidad consumida.
Como marco de referencia, distinguimos tres perfiles de consumidor. Esta clasificación es la base para entender por qué dos personas con un patrón de consumo similar pueden necesitar soluciones completamente distintas:
| Grupo | Patrón de consumo | Capacidad de parar |
|---|---|---|
| Uso | Consumidores ocasionales, sin patrón recurrente. | No aplica: no hay un problema de control que resolver. |
| Consumo problemático (abuso) | Consumo recurrente, con tolerancia desarrollada y mayor cantidad consumida. | Sí. Decide dejarlo por sí mismo y lo consigue, sin ayuda de terceros. |
| Adicción | Consumo similar en frecuencia al del grupo anterior, pero alargando al máximo cada episodio de consumo. | No. Aunque aparezcan consecuencias negativas graves, no puede parar por voluntad propia. |
No todos los patrones de adicción son diarios. Existen consumidores cíclicos, que espacian su consumo varios días, semanas o incluso meses. Este perfil tiene una dificultad añadida para reconocer su problema: la baja frecuencia les sirve de argumento para negar la adicción (“si solo consumo de vez en cuando, no puedo tener un problema”), reforzando además la tendencia a culpar a otros de sus consumos (“cuando mi pareja o mi jefe cambien, yo dejaré de consumir”).
Sea cual sea la frecuencia, el indicador real es otro: si a pesar de espaciar el consumo la persona es incapaz de mantener la abstinencia de forma definitiva, estamos ante una adicción, no ante un consumo problemático.
Para nosotros, el problema no reside en la cantidad ni en la frecuencia del consumo, sino en la forma y en el motivo por el que se consume. La adicción es una enfermedad vinculada a las emociones y, en concreto, a la falta de herramientas del adicto para gestionarlas. El consumo se convierte en la vía para tapar esas emociones y evitar afrontarlas.
Una de las particularidades de la enfermedad es que la adicción no es específica de una sustancia: es adicción a todo. Un ejemplo habitual en consulta:
Una persona adicta a la cocaína no lo es únicamente a esa sustancia, sino que la cocaína es, por sus circunstancias, la droga a la que se ha agarrado. Si esta persona deja la cocaína y empieza a consumir alcohol, terminará —de forma prácticamente inevitable— desarrollando alcoholismo, utilizando el alcohol exactamente para la misma función que antes cumplía la cocaína. La misma dinámica se repite en cualquier combinación: dejar el alcohol y empezar con el cannabis, dejar el cannabis y empezar con las compras compulsivas, dejar las compras y empezar con el juego.
Esto explica también por qué algunos pacientes aseguran haber dejado una sustancia o conducta en el pasado “sin dificultad”, usándolo como argumento para negar que sean adictos: en realidad, sin darse cuenta, sustituyeron esa sustancia o conducta por otra. Identificar esta sustitución es una parte central del trabajo terapéutico.
Por eso en GRAdicciones trabajamos la recuperación mediante la abstinencia a todas las drogas neurotóxicas y a todas las conductas adictivas, no sólo a la sustancia de referencia.
Entre que una persona desarrolla la enfermedad de la adicción y pide ayuda suele pasar mucho tiempo, lo que permite que la enfermedad avance y que los pensamientos distorsionados se afiancen. El motivo principal es el miedo a sentirse señalado, juzgado o rechazado. El adicto suele tener una autoestima baja que compensa con ego y con la necesidad de aprobación externa, lo que le lleva a un sobreesfuerzo constante para actuar como cree que los demás esperan de él.
Estas señales, combinadas con la incapacidad de parar por voluntad propia, ayudan a identificar cuándo se ha desarrollado la enfermedad de la adicción:
La pregunta clave es: ¿puedes dejar de consumir por ti mismo, cuando decides hacerlo, sin recaer? Si la respuesta es sí, hablamos de consumo problemático. Si lo intentas y no lo consigues por más que quieras, aunque haya consecuencias negativas evidentes, es probable que se trate de una adicción y conviene una evaluación profesional.
En nuestra experiencia clínica, no. Quien desarrolla la enfermedad de la adicción tiende a trasladar el mismo patrón a cualquier sustancia o conducta que ocupe el lugar de la anterior (alcohol, cannabis, compras, juego, etc.), porque el origen del problema no es la sustancia, sino la falta de herramientas para gestionar las emociones.
Porque la baja frecuencia de consumo les permite argumentar que no tienen un problema real (“solo consumo de vez en cuando”), lo que refuerza la negación y retrasa el reconocimiento de la enfermedad, a pesar de ser incapaces de mantener la abstinencia de forma definitiva.
En GRAdicciones, en Madrid, llevamos más de 26 años ayudando a personas a distinguir un consumo problemático de una adicción y a abordar cada caso con el enfoque adecuado. Trabajamos la recuperación mediante la abstinencia a todas las sustancias y conductas adictivas, no sólo a la de referencia, para evitar el fenómeno de sustitución.
Si tienes dudas sobre tu situación o la de alguien cercano, ofrecemos una primera consulta gratuita y sin compromiso, en la que valoramos juntos la forma más efectiva de abordar el problema.